El movimiento #MeToo (Yo también) comenzó como una reacción a las múltiples acusaciones de delitos sexuales contra el productor Harvey Weinstein. Mediante un twit acompañado del hashtag, las actrices de Hollywood como Meryl Streep celebraban el ritual de limpia para distanciarse de todas esas fechorías que ayudaron a encubrir. Sin embargo, el movimiento rápidamente se rebajó a peores instancias, convirtiéndose en una forma de gritarle al mundo sobre esa vez en la que sospechas que una persona te miró feo en la calle. Esto era de esperarse, después de todo, la atención es como el crack para algunas mujeres.

#MeToo llegó a la cúspide de la ridiculez cuando una revista en línea llamada Babe publicó un artículo por Katie Way. Por medio de este artículo la autora denunció al comediante Aziz Ansari por los terribles crímenes de… hacerla sentir incómoda mientras se encontraban desnudos y en pleno agasajo en su departamento (incluyendo diversas instancias de sexo oral), con el agravante de detenerse cada vez que ella rechazaba la idea de tener sexo. Por si fuera poco, Ansari ofreció una disculpa el día siguiente al enterarse de que Way no la había pasando tan bien. Maldito degenerado!

No soy fan de culpar a las víctimas de acoso, aun las que se creen víctimas y no lo son merecen respeto. Sin embargo, después de revisar su archivo en Babe, no está de más decir que Katie Way tiene un historial de decir cosas estúpidas. Por ejemplo, su autoría del siguiente artículo:DT1XDE_W4AEhs3f.jpg

La acusación de Way a Ansari parece ser la gota que derramo el vaso. En esta ocasión la crítica a la nueva obsesión feminista no solo vino de los medios conservadores como The Atlantic, sino también de sitios de alineación a la izquierda como CNN y el New York Times, este último declarando a Ansari de “Culpable de no poder leer mentes”.

La crítica tampoco se limitó hacia Way, ni al entorno Estadounidense. Poco tiempo después un grupo de personalidades francesas -mujeres de alto perfil ligadas al feminismo-, firmaron una carta dirigida hacia la histeria ocasionada por el movimiento #MeToo. En corto, la carta denunciaba este movimiento por fomentar un ambiente puritano, anti-hombres y anti-sexualidad. Entre las joyas que esta carta contiene, destacan las siguientes frases:

  • La violación es un crimen. Pero intentar conquistar a alguien, aún de manera persistente torpe no lo es. Tampoco la galantería es un ataque machista.
  • Defendemos la libertad de molestar, el cual es indispensable para la libertad sexual.
  • Justo como en los días de las cacerías de brujas, estamos siendo testigos de puritanismo en nombre de un supuesto bien común, proponiendo la liberación y protección de la mujer, solo para esclavizarlas a un estatus de víctima eterna, presa indefensa de los demonios machos chauvinistas.
  • Lo que suponía que liberaría nuestras voces se ha puesto de cabeza: Ahora nos dicen sobre lo que debemos hablar, y sobre que debemos callar – y las mujeres que se rehúsan a obedecer son tachadas de traidoras, cómplices!

En sí toda la carta es sublime, sin embargo, esta última cita es especialmente irónica, considerando la respuesta de las otras feministas, feminazis para diferenciar. Es innecesario hablar de esta respuesta, es predecible hasta el hartazgo, y no muy importante que digamos.

Lo que sí vale la pena recalcar la universalidad del contenido de la carta. Aun cuando fue escrita pensando en la cultura Europea y Estadounidense, cualquiera que lea las frases anteriores podrá relacionarlas con alguna experiencia propia o de segunda mano. En lo personal, me recuerdan al episodio de la famosa Plaqueta, o bien, a historias en las que lágrimas de cocodrilo fueron derramadas a causa de los repetidos y cordiales avances de algún señor que tuvo la mala suerte de nacer en otra época, una en la cual el “no” podría llegar a ser “sí” por arte de dedicación y cariño. (¿No que les gustaban mayores?)

Como insulto al caído, las queridas feminazis no están satisfechas con arruinar las relaciones interpersonales en el presente, sino que han dirigido tu atención hacia nuestro pasado, especialmente contra el arte. El museo del Arte Británico por ejemplo, recientemente removió de su exhibición titulada “En persecución de la belleza” a la obra Hylas and the Nymphs (1869), de John William Waterhouse, misma que por supuesto inserto a continuación.

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¿La razón? “Desafiar una fantasía Victoriana” según la curadora del museo, la cual agregó la existencia de “problemáticas de género, raza y representación”. En corto, “me incómoda que se celebre la belleza de las mujeres jóvenes, bellas y blancas”. Ah, pero eso sí! No se vayan a meter con las pinturas de las gorditas y de la mítica época de fantasía en la que se consideraban estándar de belleza!

En noticias relacionadas. La Fórmula 1 acaba de anunciar el final de las “Grid Girls”, es decir, de las atractivas mujeres que eran empleadas para diferentes funciones en estos eventos automovilísticos. ¿A alguien le preocupa que será de estas mujeres? Es difícil imaginar que conseguirán un trabajo de calidad mejor o similar (Sino ya se hubieran cambiado). No a las feminazis, ellas están felices con encubrir un ejemplo más de que la belleza femenina existe. Como ya se está volviendo costumbre (afortunadamente), la reacción a último ejemplo de histeria impotente no se hizo esperar, mi favorita personal fue por Catherine Bennett en The Guardian: “…Lo que sigue es aplicar el límite de velocidad”.

Al conversar con una amiga que irónicamente es de Francia, es usual que me recuerde que “el feminismo solo es la igualdad entre el hombre y la mujer”. Normalmente no es algo que le debato, ya que el tema parece ser de importancia sentimental para ella, y no considero correcto eso de romper amistades por desacuerdos políticos. Pero honestamente creo que ella se quedó en los 60’s, como Camile Paglia lamenta repetidamente: el feminismo comenzó como algo noble, y se descarrió para convertirse en eso de lo que originalmente le acusaban. Me extraña mucho lo que tardé en citar a los Simpsons en este blog, pero remediaré este error de inmediato: Malditas feministas, arruinaron el feminismo.

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