El pasado viernes veintiocho de abril tuve el gusto de entrar a un grupo privilegiado y exclusivo, un grupo en el que se encuentran personajes destacados de la historia como Galileo Galilei, Jean Jacques Rosseau y Denis Diderot. ¿Cuál puede ser este grupo que me permite presumir parentesco con tales personajes? Es sencillo: Personas que han sido denunciadas por la Iglesia Católica.

Como decía, el pasado viernes veintiocho de Abril, el Papa Francisco aprovechó su tiempo al dirigirse a la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales para lanzar una ardua crítica al libertarianismo y al individualismo que le acompaña. Ahora bien ¿Qué es el libertarianismo?

El libertarianismo es la ideología ética y política que enfatiza la importancia del individuo como portador de derechos inviolables (usando la palabra en serio, no como los “inviolables” derechos humanos de hoy). Es en sí, la versión moderna de lo que fue el liberalismo clásico que surgió de las ideas de la ilustración escosesa y que sirvió como base política y moral para los Estados Unidos por la mayor parte de su historia.

La ética libertaria es deontológica, es decir considera una acción moralmente buena o mala según parámetros anteriores a la acción, y no a sus consecuencias. Por ejemplo, robar es moralmente malo por que violenta el derecho a la propiedad privada, no por el daño material que sufre la víctima. Esta concepción moral toma su base en el Principio de No-Agresión o NAP por sus siglas en inglés. Como su nombre lo indica, el NAP simplemente establece que nadie puede agredir, es decir iniciar violencia contra una persona que no está violentando derechos ajenos.

Ahora bien, ¿Cuál es el interés del Papa Francisco en esta ideología? ¿Por qué el afán de denunciar una corriente del pensamiento que es tan poco conocida que tuve que presentar y explicarla? La respuesta es clara: Para la gran humillación y fracaso que esto significa para la iglesia Católica, ésta ha elegido a un Papa socialista.

La anterior afirmación no carece de evidencia, una búsqueda rápida en Google nos ofrece casos como cuando el mismo Papa sostuvo a que “son los comunistas los que piensan como cristianos”, o bien, su apego al mensaje de la llamada “teología de la liberación”, un acercamiento marxista al credo nacido en el pantano comunista que ha sido américa latina desde hace más de ochenta años.

La teología de la liberación se enfoca en la pobreza y en la desigualdad, así como al pecado humano como fuente de estas. Sus seguidores abogan por una repartición igualitaria de la riqueza como uno de las finalidades de la iglesia.

Cuando digo que el Papa Francisco comete un error al intentar vincular el credo con el marxismo, de ninguna manera pretendo afirmar que conozco el credo mejor que el Papa, sin embargo, lo que no tengo problema en declarar es que conozco el Marxismo mejor que él, y por eso tengo la confianza de anunciar su error.

El Papa – y la teología de la liberación- ve en el marxismo una acción política que lleva a la práctica la idea cristiana del sacrificio y la caridad, es claro que la biblia está llena de referencias a estos dos conceptos y, mientras que el marxismo aboga por la redistribución de riqueza del rico hacia el pobre, basta con un pequeño análisis para hacer notar su definitiva incompatibilidad.

La irreconciliable incompatibilidad entre el cristianismo y el marxismo yace en la voluntad del acto de redistribución. Cuando la biblia habla de caridad y sacrificio, ésta se refiere a una donación voluntaria de bienes hacia quién los necesite. Mientras tanto, la redistribución marxista no tiene nada de voluntaria. Para el marxista los bienes materiales, especialmente los llamados “medios de producción”, deben expropiados de sus legítimos propietarios aún sin su consentimiento, usando la violencia de llegar a ser necesario. Ahora bien, yo no soy ningún teólogo, pero cuando recuerdo mis clases de catecismo, Jesús hacía un llamado a las personas a donar sus bienes de manera voluntaria, en ningún momento se habla de un llamado al saqueo colectivo, cualquiera que sea su fin; tenemos los ejemplos de la revolución rusa y cubana, así como la situación actual en Venezuela, para entender lo que pasa cuando la redistribución marxista se pone en práctica.

Es en su ideal redistributivo, donde el Papa encuentra su oposición al libertarianismo, pues es con base en el NAP que sostenemos la inviolabilidad del derecho que una persona adquiere sobre propiedad por el fruto de su trabajo, intercambio voluntario o hasta por regalo, sin importar la excusa. Eso es un verdadero derecho humano.

No es exageración decir que el Papa no cree en la propiedad privada. Como podemos ver en Evangelii Gaudium, Francisco nos invita a reflexionar sobre la siguiente frase de San Juan Crisóstomo:

“No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que poseemos sino los suyos”.

Voy a reiterar la intención del Papa Francisco e invitarte a reflexionar sobre esta frase, ya que a la maldad y la mentira se le mata de frente. Toma un momento para reflexionar esta frase, en especial, compárala contra esta otra del socialista Pierre-Joseph Proudhon:

“La propiedad es robo.”

Como podemos ver, es la misma frase. El Papa Francisco nos invita a considerar que la propiedad no existe, que es un robo cometido contra el que no tiene propiedad, lo dice claramente: “los bienes que poseemos son los suyos”. Esto es la maldad pura.

Piensa por un momento en tu propiedad, en el celular o computadora por medio del cual me estás leyendo. ¿Quién compró ese dispositivo? Dependiendo de tu edad la respuesta más probable serás tu, o bien, tus padres. Pregúntate ¿Que tuvieron que hacer para poder comprar el dispositivo? La respuesta es clara: romperse el alma trabajando. Ahora piensa en el pobre, es claro que nadie desea la existencia de la pobreza, pero eso no quiere decir que el pobre tiene un derecho superior al tuyo sobre el dispositivo que tienes en la mano, él no ha trabajado por tu dispositivo. Claro, esto no quiere decir que el pobre es pobre por flojo, nadie duda que algunas personas nacen con beneficios que otras no. Lo que es innegable es que salvo por la riqueza ganada de manera deshonesta, el que nace con beneficios es porque alguno de sus antepasados trabajó para escapar de la pobreza y lo logró. El decir que una persona no tiene derecho al disfrutar del fruto del trabajo de sus antepasados es escupir en su memoria y su esfuerzo.

El libertarianismo -así como su consecuencia natural, el capitalismo- es, entre otras cosas, el respeto por el trabajo de tus antepasados. Es por eso que el Papa lo ataca, lo único que se para entre tu derecho a tu propiedad y el saqueo colectivo, es este respeto.

Desde los principios de su actuación como sumo pontífice, el Papa no ha desaprovechado oportunidad para lanzar arduas críticas al capitalismo, esto en sí no es algo criticable, ya que los sistemas capitalistas actuales no están ni cerca a ser perfectos. El problema es que las críticas enunciadas por el Papa ignoran cualquier acercamiento económicamente informado, optando en su lugar por hacer eco a balbuceos marxistas sin sentido, declarándose aparentemente en contra de las utilidades en los negocios o del corte a los impuestos, una posición fácil de tomar cuando se vive en una ciudad de oro.

Estas críticas no son infundadas, sino ridículas cuando consideramos que el capitalismo es el único sistema económico que ha mostrado la capacidad de erradicar la pobreza en el mundo. 

Existen pocas personas en el mundo con la capacidad de influencia que tiene el Papa, por lo que no me anima pensar en cuántos católicos van a ser engañados por esta persona antes de que vuelva a escapar el humo blanco. Sin embargo, me llama la atención que el Papa considere necesario atacar al capitalismo de manera constante, y me es de especial atención el reciente ataque contra el libertarianismo en específico. Me da la esperanza de que el Papa lo vea como un movimiento en crecimiento, y que tenga miedo.

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