Como fue observado y criticado en su momento por Nietzche, la moralidad que emana de la religión cristiana y sus variaciones se basa en el sacrificio, la abstinencia de los placeres terrenales. El ideal ascético del cristianismo se encuentra presente desde la muerte de Jesucristo, en sí un sacrificio altruista para salvar al hombre de sus pecados. El hombre moralmente correcto según el cristianismo es uno que niega el placer para sí mismo hasta cierta medida, y en ciertos casos, uno que se sacrifica más allá de la mera negación, desde los votos de castidad, pobreza y silencio, hasta el rendimiento de la vida misma por medio del martirio.

El pecado cristiano, por otro lado, consiste en la aceptación y abuso del placer terrenal. Este concepto se ve claramente reflejado dentro de la idea de los pecados capitales, la lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y orgullo. Cada uno de estos representa una forma diferente de placer. Como se encuentra en las escrituras de Tomás de Aquino.

“Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal. […] Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada.”

-Tomás de Aquino

Adicionalmente al sacrificio, existe una segunda base a la moralidad cristiana, el servicio a los demás. Como podemos recordar, la vida de Jesucristo fue una de servicio, desde la humilde tarea de lavar los pies de sus apóstoles, hasta la culminación de su vida en el sacrificio para el salvamento de la humanidad, existe un mandato de servicio dentro de la moralidad cristiana.

A primera vista, uno podría pensar que estas dos bases, el servicio y el sacrificio, no existen en contraposición alguna, sino que se complementan: un sacrificio altruísta en beneficio del prójimo doliente es bien visto ante los ojos de dios. Sin embargo, existen ocasiones en las que una clara tensión interna puede ser percibida entre ambos conceptos. Para ilustrar esta tensión, usaré como ejemplo a las misiones organizadas y ejecutadas por la iglesia católica.

Ayer en la mañana llamó mi atención una serie de posts en facebook por parte de mis amigos. Aparentemente algo relacionado a las misiones estaba causando polémica. Despúes de unos minutos de investigación, y otros más para intentar reunir la fuerza de voluntad suficiente para leer los textos involucrados, logré entender el origen de la controversia: Al parecer, algunos Verdaderos Creyentes™ se encontraban inconformes con la forma en que algunos Hipócritas Falsos™ compartían sus experiencias misioneras en las redes sociales por medio de textos, fotos y videos. Los Verdaderos Creyentes™ opinan que la actitud tomada por los Hipócritas Falsos™, desvirtuaba el verdadero significado de las misiones, usando sus relatos y fotos como una forma de ganar estatus social. Para los Verdaderos Creyentes™ pueden existir varias razones para “irse de misiones”, pero el aprovechamiento social no es una de ellas.

Es aquí donde sale a relucir la mencionada tensión entre el servicio  y el altruísmo, así como las necesidad de entender el funcionamiento de la fuerza para el bien más poderosa en la historia del hombre: el capitalismo.

Para identificar y comprender la tensión de la que hablo, primero tenemos que entender el fin de ambas bases morales del cristianismo. ¿Cuál es el fin del sacrificio? ¿Es un fin material o metafísico? La finalidad del sacrificio en el cristianismo es claramente de naturaleza metafísica, ningun cristiano excepto tal vez por la madre Teresa argumentaría que una boca amordazada, unas rodillas rojas y desgastadas, o un himen intacto son materialmente buenos, no, la abstinencia de los placeres que resulta en esas condiciones es un sacrificio dedicado a dios. Las pobres personas que van de peregrinos hasta la basílica de Guadalupe no lo hacen por que dios quiere ver sus cuerpos destruidos por el viaje, ni a sus familias en la pobreza gracias a que usaron su tiempo para caminar en lugar de trabajar, para ellos es el sacrificio lo que cuenta, y cuenta de una forma espiritual.

Por otro lado tenemos a la servidumbre, ¿Cuál es el fin moral de la servidumbre? Uno podría decir que también es un fin metafísico, ya que casi todas las formas de servidumbre involucran un sacrificio, sin embargo, mientras que el simple sacrificio involucra una relación directa entre el animal de sacrificio y dios, la servidumbre involucra a un tercero, y a un servicio material que satisface necesidades materiales de dicho tercero.

Ahora bien, ¿Cuál es la finalidad de las misiones?

Personalmente, nunca he ido a misiones, mi experiencia más cercana fue una visita a un pueblo dentro del evento de pascua organizado por el grupo “Valores Humanos y Cristianos” VHC. Puedo decir con claridad que detesté todo el asunto, no soporté el hecho de recibir miradas reprobatorias por el simple rechazo de comida cuando no tenía hambre, y la comida no parecía comestible, no soporté el sentido de falsa autoridad y soberbia que manifestaban los “dirigentes”, así como el incómodo trato y cercanía que algunos de ellos tenían con las niñas que asistían al evento, por supuesto, menores de edad. Sin embargo, he hablado y leído suficiente del tema como para saber que las misiones organizadas por la iglesia Católica en el mundo pueden ser divididas en tres tipos, las de ayuda humanitaria, las de evangelización, y las mixtas que combinan ambos aspectos, no hace falta decir que estas últimas son un tanto controvertidas.

Como podemos ver, tanto el aspecto metafísico (evangelización) como el material (ayuda humanitaria) se encuentran presentes en las misiones. Ahora bien, ¿Por qué digo que existe tensión entre ambos?

A los ojos de los Verdaderos Creyentes™, los Hipócritas Falsos™ no deberían alardear de sus experiencias. Las misiones no deben convertirse en una herramienta del elitismo social. Con esta actitud, los Verdaderos Creyentes™ hacen eco a las palabras de Mateo 6: 1-8, un pasaje que claramente no debo transcribir puesto que es tan conocido, y mientras que puedan tener razón en querer conservar la “pureza” de la voluntad misionera, es claro que esta actitud solo respeta a la base altruista de su moral, pero va directamente en contra del servicio al prójimo.  Es aquí donde entra el capitalismo.

El capitalismo es un sistema de organización económica que nace de la propiedad privada y el libre intercambio, dentro del capitalismo, una persona se beneficia en lo personal mediante el servicio y beneficio a un tercero, y es el mismo beneficio propio el que permite al capitalista crecer su negocio, ampliando su mercado y por ende, el número de gente al que puede beneficiar.

Tengan por ejemplo a la conocida marca de zapatos Toms. Toms es una de esas compañías nuevas con “conciencia social”, su estrategia de venta es la misma que su compromiso social: por cada par de Toms que compres, la compañía dona otro par (entre otras cosas) a personas de escasos recursos. El desarrollo normal de la operación normalmente termina cuando el cliente, en búsqueda de crédito social, presume sus nuevos zapatos, así como la donación que la empresa hizo en su nombre, esto atrae a nuevas personas en búsqueda de crédito social y zapatos, generando más clientes para la empresa, así como más donaciones. Como es costumbre en el capitalismo, todos terminan ganando.

Teniendo esto en mente, así como el factor material que representa el servicio al prójimo ¿Por qué demonios quisiera uno separar la vocación misionera del crédito social? Después de todo, si las misiones se convierten en fuente segura de crédito social, es claro que el número de voluntarios aumentaría cada año, y con ellos la cantidad de bienes y servicios disponibles para satisfacer las necesidades materiales y espirituales de las personas objeto de misión. Es ridículo pensar que las buenas obras deben mantenerse en secreto y humildad  ¡Estas deben ser reconocidas y alabadas! Es la forma más eficaz de asegurar la continuidad y recurrencia de dichas obras.

Ahora bien, es claro que existe el riesgo de que la gente se vea atraída a las misiones sin tener la vocación necesaria para llevarlas a cabo de la manera correcta, sin embargo, este no es un problema sin remedio, cualquier crédito social que un misionero pueda llevarse es mínimo a comparación con el suicidio social que representa el ser expuesto después de un desempeño negligente.

De esta forma es claro que la presión social no debe caer sobre los supuestos Hipócritas Falsos™, técnicamente ellos son la primera fuente de crecimiento de las misiones. No, la presión debe estar sobre los que creen ser Verdaderos Creyentes™, son ellos los que deben justificar la falta de publicidad de sus actos (aún cuando sabemos que algunos son bastante públicos en una muestra de irónica hipocresía), después de todo, su abstinencia puede estar costando nuevos voluntarios. Al expresar su preferencia por la discreción, los Verdaderos Creyentes™ están demostrando que ellos valoran la pureza propia, o bien, su concepción de pureza misionera sobre el bienestar del prójimo, esto no parece algo muy altruista o servicial, el verdadero servicio altruista recaería en este caso, en sacrificar dicha pureza propia, en actitud de servicio al prójimo. Los Verdaderos Creyentes™ se quejan del supuesto elitismo social que rodea a las misiones, pero ¿No es esta actitud santurrona el verdadero elitismo? ¿Cuál es el problema si la intención no es “sincera”? No soy tan egoísta y elitista como para pensar que mis concepciones de “pureza” y “sinceridad” son más importantes que el incremento de voluntarios.

Como podrán percatarse a raíz de este artículo, sin ser creyente, soy un verdadero fanático de los pasajes y sabiduría interna de la biblia, y como tal me despido recordándoles: los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz.

Advertisements