Disclaimer: El presente artículo hará referencia a prácticas islámicas, con esto me refiero a el Islam como es popularmente practicado y defendido en países donde el musulmán se encuentra en la mayoría, no a la versión “idónea” del islam de la que te habló tu amigo que conociste en una escuela privada Europea. 

En la literatura feminista se refiere al “patriarcado” como una conspiración masculina dedicada a establecer y mantener la supremacía del varón sobre la mujer. Basándonos en una concepción general de dicha literatura, el patriarcado es una mítica organización tan poderosa como perversa, sin embargo, una vista rápida a la opresora sociedad occidental, en la que las mujeres se gradúan de la universidad en mayor porcentaje que los hombres nos da una imagen diferente.

¿Dónde está el temible patriarcado que limita las oportunidades de las mujeres? No en la educación, como es evidente, tampoco en la economía dado que la famosa brecha salarial no es más que un mito, tampoco en la política, donde vemos mujeres en los mayores puestos gubernamentales, como podemos apreciar en esta foto compartida por  Isabella Lövin (deputy) Primera Ministra de Suecia:

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Como podemos apreciar, un grupo de mujeres gobernantes se encuentra presente para la firma de una ley de alta importancia. ¿Qué pasó con el patriarcado entonces? Será tan malo para hacer su trabajo, o de plano será que no existe. Por más que deteste esta teoría de conspiración feminista, la verdad es que el patriarcado sí existe, y ha existido por mucho tiempo ya, el problema es que lo estamos buscando en el lugar donde no se encuentra.

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Fuente: unwatch.org

Lo que pueden apreciar en esta foto es la ministra sueca de comercio Ann Lind, así como sus auxiliares mujeres cubriéndose el cabello para reunirse con Hassan Rouhani, presidente de Irán.

¿Dónde están las mujeres combativas del declarado “primer gobierno feminista del mundo”? Las mismas que publicaron la foto anterior en twitter, en un acto que se ha considerado como desafío al “misógino” Donald Trump.

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Fuente: unwatch.org

Están rindiéndose ante las demandas musulmanas, cubriéndose el cabello para acatar las normas de una cultura ajena. Su mirada, antes firme y desafiante, ahora apuntado al suelo. Sus brazos, antes cruzados en símbolo de fuerza y desafío, ahora colgando humildemente, cual esposa sumisa de tiempos ya dejados atrás en el occidente. La ropa cómoda, colorida y diversa, con corte a las rodillas, reemplazada por saco grueso y pantalón.

La tolerancia del feminismo occidental hacia la opresión a la mujer practicada en los países islámicos es de llamar la atención. En especial cuando tomamos en cuenta la reacción de dicho movimiento sobre temas que abarquen como una mujer debe o no vestirse. Por ejemplo, cuando afirman que vestirse de manera sugestiva no hace puta a una mujer, ni es excusa ni invitación al sexo o a ser violada, o bien, la manifestación que hace unos días ocurrió en Argentina llamada “tetazo”, en la que las mujeres y sus “aliados” masculinos (muchos de los cuales fueron violentados por el simple hecho de ser varones), salieron a las calles a reclamar su derecho de estar en público con el pecho descubierto.

Independientemente de lo que uno opine de estos temas, no es difícil ver la relación entre estos y la condición de la mujer en los países islámicos. Donde la mujer es obligada (sí, obligada, aún cuando algunas deseen cubrirse, la verdad es que nunca fue su decisión) a usar diferentes artículos de tela para cubrir su cara, cuello, cabello y hasta su cuerpo entero. ¿La razón? El corán manda que las mujeres vistan con “modestia”.

Espero que el lector tome en cuenta que he descrito la práctica de la manera más neutral posible, existen grupos que llegan hasta decir que la mujer que no se cubre en presencia masculina es pecadora, adúltera e incita a los hombres. No estoy hablando de estos grupos, no es necesario. El hecho de que se dicten leyes basadas en religión que regulen la forma en la que una mujer puede o no vestirse sería repudiado en el mundo occidental, sin embargo, esto pasa en el mundo islámico, y el feminismo occidental no le da la importancia que merece.

Mientras el feminismo occidental realizaba el mencionado “tetazo” originado por el suceso en que la policía obligo a que unas mujeres que iban topless en una plaza argentina se cubrieran, el campeonato Mundial de Ajedrez para Mujeres sufría un boycott por parte de varias competidoras debido a la cede escogida para el evento: Irán. donde las reglas locales mandaban a que se pusieran hijab para poder competir, así como les prohibía estar a solas con sus entrenadores varones.

¿Dónde está la marcha a su favor?  Según el artículo anteriormente citado, en los seis primeros meses del 2015 se confiscaron 40,000 automóviles debido a que una pasajera mujer no estaba cubierta. Este es un castigo leve a comparación de las tradicionales golpizas y pedradas a las que las mujeres se exponen si desafían la ley islámica, o a sus maridos.

¿Dónde está el feminismo occidental? Todo apunta a que este prefiere protestar en su propia tierra, donde un simple piropo en la calle (siempre que provenga de una persona poco atractiva) puede ser considerado acoso o agresión, donde las mujeres pueden protestar de manera violenta contra iglesias, sabiendo que los hombres que las defienden no les pondrían un dedo encima, tanto por las leyes que las protegen, como por la decencia de dichos hombres. Dos cosas que mucho hacen falta a las mujeres bajo el islam.

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