La idea de consumir exclusivamente productos y servicios locales no es nueva, se escucha cotidianamente y con mayor intensidad después de algún suceso relacionado. Ya sea como medida retributiva contra alguna injusticia extranjera, o como un llamado vacío hacia algún tipo de solidaridad nacional, no es necesario mucho para que esta idea inunde timelines de  Facebook, Twitter y otras redes sociales (de origen extranjero).

No es sorpresivo entonces, que después todos los sucesos, a los que que por la brevedad me referiré como: “lo de Trump”, los llantos y llamados por consumir local regresan a lo alto.

Sin necesidad de mayor introducción, el presente artículo presenta algunas razones por las cuales consumir local no es la panacea de la que tanto se habla.

I. ¿Qué demonios es “local”?

¿Cómo definimos “local”? ¿Qué situación espacial puede considerarse local? ¿Dónde se traza la línea? Colonia, ciudad, estado, país…

Es demasiado creíble como un detalle tan significativo como la definición de la palabra “local” se encuentra ausente del llamado a consumir productos de esta procedencia, es claro que la idea más común es consumir productos hechos en el país, pero ¿Por qué limitarnos a México? ¿Qué acaso nos encontramos con una economía completamente diferente e independiente cuando cruzamos la frontera? La economía de Tijuana tiene más nexos con la economía de San Ysidro que con la de Yucatán.

Por otro lado, ¿Por qué deberíamos ampliar la definición de “local” para incluir la totalidad territorio Mexicano? Después de todo, si consumir productos y servicios locales ayuda a las comunidades, ¿No estaría en el mejor interés de los Estados en impulsar su consumo interno contra el de los demás Estados? Y de la misma forma, ¿No beneficiaría a las ciudades de un mismo Estado seguir la misma práctica? Cuando eliminamos el aura mística de la “economía nacional”, la teoría que apoya el consumo local se revela como lo que es: una farsa.

 II. Consumir local es imposible.

Algo que los proponentes del consumo local no entienden, es que no existe tal cosa como la “economía local” o mexicana. El mundo globalizado ha dejado atrás este fenómeno hace muchos años. Claro, uno puede salir al mercado y comprar naranjas 100% cultivadas en tu Estado, pero ¿Bienes o servicios más complejos? Imposible.

Pongamos por ejemplo la campaña para dejar de consumir café de Starbucks –lo que en México significa dejar de consumir café proveído por Alsea, una compañía mexicana manejando la franquicia de Starbucks-, mucha gente propone que al café Mexicano como apto substituto (aunque entre los productos que ofrece hay café mexicano). Al tomar café hecho en México, uno podría pensar que está consumiendo local, pero uno estaría en un error.

Piensa en el vaso de unicel en el que café es servido, ¿Estará hecho de material mexicano? ¿Extraído de materiales Mexicanos y producido en México? ¿Qué hay de la maquinaria necesaria para cultivar, procesar y preparar el café? ¿Y sus materiales? Está prácticamente garantizado que dentro de ese producto supuestamente “local” hayan participado procesos productivos extranjeros.

Ahora, después de consumir tu café cosmopolita ¿Qué crees que pasará con el dinero que gastaste? Basta que los dueños de la cafetería compren una camisa en Zara o hasta una Coca-cola para que tu experimento falle. Tu consumo local es un eslabón insignificante y reemplazable dentro de un sistema de consumo internacional.

III. No quieres consumir local.

El párrafo anterior explica por qué el consumo local es imposible. Ahora bien, digamos –por el bien del argumento- que todos los productores deciden dejar de consumir internacionalmente. ¿Qué pasaría entonces?

Algo que conviene a todo el mundo entender es que en el mundo de los negocios las cosas no suceden porque sí, no es pura coincidencia detrás de la decisión de una empresa el comprar insumos mexicanos o extranjeros. Las empresas –así como tú- están en constante búsqueda de valor, dígase insumos de mejor calidad, a mejor precio, para en turno ofrecerte a ti productos con estas características.

Hoy en día es muy fácil ver los precios de los productos supuestamente locales y pensar que no sería demasiado difícil consumir solo estos, lo que no ves, es que si los productores dejan de utilizar insumos internacionales sus precios aumentarán de manera dramática, más allá de lo que tu bolsillo podría costear.

IV. Consumir local es malo para el medio ambiente.

Otro argumento a favor de consumir local es el supuesto beneficio al medio ambiente, sus proponentes afirman que el tener empresas productoras locales reduce las distancias de traslado, lo que a su vez reduce la cantidad de combustible requerido.

Este es un gran ejemplo de lo que Henry Hazlitt habla en su libro “Economía  en una lección”, la lección de Hazlitt es simple: un buen economista se preocupa por los efectos invisibles e inesperados de una acción, no sólo por los visibles e inesperados.

Supongamos que en nuestro afán de consumir local creamos una empresa de zapatos en cada uno de los 31 Estados, ubicada en el centro de cada uno para reducir las distancias de traslado y consumir la menor cantidad de combustible posible. Tal como se propuso el efecto esperado es claro, las rutas de traslado redujeron su extensión, sin embargo, el efecto no esperado es que en lugar de producir todos nuestros zapatos en el mismo lugar, usando las mismas máquinas, el mismo personal y el mismo terreno, al poner una fábrica en cada Estado, multiplicamos el consumo de estos recursos por 31, así como la contaminación que estos producen.

V. Hay que impulsar la economía nacional

Otra razón que propone el consumo local es la idea de que un Estado, o el territorio Mexicano debe ser competitivo en sectores específicos, ya sea la agricultura, calzado, vestido o cualquier otra de las áreas protegidas por el gobierno, el hecho de que se debe apoyar a estas industrias es ampliamente aceptado.

Lo que rara vez veo discutido es la razón por la cual es absolutamente necesario que empresas específicas existan y progresen en México. Si podemos importar un bien de mejor calidad y a mejor precio que el nacional ¿por qué deberíamos entercarnos en producirlo? ¿No sería mejor aprovechar esta oportunidad y dedicarnos a fabricar bienes que no podemos importar a la calidad o precio deseadas? Querer proteger empresas nacionales contra la competencia internacional es un gran desperdicio de recursos.

Regresando al punto anterior, que hay de la competencia a una empresa local de un Estado por parte de una empresa originaria de otro Estado ¿Deberían los Estados proteger sus empresas contra otros Estados?

Espero que después de esta breve lectura el lector comprenda el sinsentido que es favorecer a la economía local -lo que sea que esto signifique- más allá de las valoraciones cotidianas de calidad y precio, no tengo demasiada esperanza.

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