¿A quién debería agradecer Donald Trump?

Ahora que el humo se ha disipado, con Trump electo e inaugurado como Presidente de los Estados Unidos, y después de un fin de semana que con suerte ha servido para calmar los ánimos, vale la pena preguntarse: Presidente Trump, ¿Quién se tiene la culpa?

Antes de explicar la verdadera razón de la victoria electoral de Donald Trump, es necesario deshacernos de la concepción más popular -sin embargo errónea- del momento:

Donald Trump no ganó debido al racismo y sexismo en los Estados Unidos.

Sé que es difícil de creer, es un concepto tan opuesto al sentido común y la sobre-saturada narrativa mediática que la mente se resiste a considerarlo, pero déjame presentarte los siguientes hechos:

  1. Donald Trump tenía propuestas que no estaban relacionadas con raza o género.
  2. Todos los contrincantes de Donald Trump en las elecciones primarias denunciaron abiertamente su lado racista. Entre ellos Marco Rubio y Rand Paul, quienes fueron re-electos como senadores por Florida y Kentucky respectivamente. Mantuvieron su estatus dentro del partido Republicano aún después de rechazar el racismo.
  3. Varios de estos contrincantes como Ted Cruz, Marco Rubio, John Kasich y Rand Paul se proyectaban triunfantes ante Hillary Clinton en las encuestas de percepción pública, mientras tanto, Trump se encontraba debajo de ella. Esto indica lo mala que era Hillary Clinton como candidata a la presidencia, de no ser nominado Trump, la victoria republicana bien pudo ser más abierta.
  4. Figuras importantes para el partido Republicano como John McCain y George W. Bush abiertamente negaron su apoyo a Donald Trump.
  5. Hillary Clinton perdió la nominación en el 2008. ¿Fue por machismo del partido Demócrata?
  6. Las encuestas de salida muestran que al rededor del 46% de las mujeres votaron por Trump.
  7. Estados que votaron por Obama en 2008 como New Hampshire, Ohio, Indiana, Florida, Colorado, Nevada, Virgina y Carolina del Norte fueron para Trump en 2016. ¿Son suficientes ocho años para hacer racista a un Estado? O valdría la pena considerar a la población insatisfecha ante una mala administración presidencial.

Después de presentar estos puntos podría decir que Trump no ganó debido al racismo y sexismo, pero esto sería un error, verán, Trump ganó en gran parte gracias al racismo y el sexismo, simplemente no gracias al que estaba a su favor.

Desde hace ya años, y culminándose con la victoria de Barack Obama en 2008, la izquierda Estadounidense representada por el partido demócrata ha ejecutado un plan para apelar a las minorías menospreciadas en los Estados Unidos, empezando por las mujeres (a las que se les trata como minoría cuando no lo son), los negros, los inmigrantes latinos y  las personas pertenecientes al arcoíris LGBT+. Es claro que no hay nada malo en abogar por los derechos de estas personas, sin embargo, fueron los métodos los que dejaron mucho que desear.

A partir la victoria en el 2008, el partido demócrata sufrió un aumento dramático de influencia por parte de su ala “progresista”. El movimiento progresista es una corriente en crecimiento dentro de la izquierda mundial, si la izquierda se caracteriza por la oposición a cualquier tipo de jerarquía entre los hombres (la famosa igualdad), el progresismo -asociado con la “justicia social”- toma esta idea y la lleva a su extremo ridículo, buscando no solo la igualdad, sino la compensación por desigualdades pasadas y la satanización de las personas que consideran históricamente “privilegiadas”, dígase de los famosos hombres blancos heterosexuales. No solo es tiempo de que exista igualdad, sino el “opresor histórico” tiene que pagar.

Uno pensaría que el lado “anti-discriminatorio” de los estados unidos no caería en este tipo de prácticas claramente racistas y sexistas contra los hombres blancos, pero la verdad es que los militantes de izquierda no parecen ver la ironía, con una porción de este grupo intentando redefinir la discriminación como “prejuicio + poder” para ellos, un hombre negro no puede ser racista contra un blanco debido a que al hombre negro le hace falta un tipo de poder sistematizado que le apoye. Estas personas no se dieron cuenta de quien fue presidente, y quienes fueron fiscales generales durante los últimos ocho años.

El efecto que tuvo esta nueva influencia progresista dentro de la izquierda americana fue el cambio de enfoque hacia la política, en lugar de velar por que se tome en cuenta a los sectores marginados de la sociedad, el partido y los medios de izquierda (la gran mayoría) se dedicaron a declararle la guerra al sector “privilegiado”, el hombre blanco heterosexual. A este enfoque político se le conoce como “política de identidad” (identity politics), mediante la cual, se divide a una población en base a nociones con las cuales pueden identificarse (clase, género, raza, LGBT, etc.) y se les convence de que se encuentran en estado de opresión, para luego identificar un grupo externo (hombre blanco heterosexual) para concentrar su enojo.

Usando su largo alcance mediático sobre sectores clave de la población (universitarios y millenials), medios como Buzzfeed, MTV, the Huffington Posts, los hosts de shows de pseudo-noticias como “Last Week Tonight” con John Oliver, “The Daily Show” con Trevor Noah, se dedicaron a hacer del hombre blanco heterosexual un paria social, el fin de toda broma, personas débiles, malvadas, indeseables.

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Es la izquierda progresista la que engendra al feminismo radical y sus populares frases como “Mata a tu novio”, y “Machete al machote”, la que inventa mitos como la llamada “cultura de la violación” en las Universidades Americanas, por ejemplo, al generar historias fraudulentas como la falsa violación en grupo que supuestamente ocurrió en una fraternidad en la Universidad de Virginia, por la cual la revista Rolling Stone ha sido condenada a pagar USD $3,000,000.00 al ser encontrada culpable de difamación. Es la izquierda progresista la que está detrás de la decisión de Marvel Comics por reemplazar superhéroes icónicos como el Capitán América, Hulk y Thor por mujeres o minorías raciales, o la corrupción y censura rampante en la prensa de Videojuegos expuesta por GamerGate.  Es la izquierda progresista la que invita al diálogo pero se ríe y burla de las opiniones contrarias, optando por el uso de la falacia ad hominem en lugar de discutir abiertamente con los hombres blancos heterosexuales, o con las pobres mujeres engañadas por el patriarcado que se oponen a sus argumentos. Es la izquierda progresista la que mira y aplaude la prepotencia de Barack Obama al abusar las facultades del Poder Ejecutivo, y presumir el hecho.

Cuando ponemos las cosas en contexto, podemos entender que el movimiento trumpista no es una acción, sino una reacción cultural de la derecha y el centro del espectro político contra la izquierda progresista. ¿Y que más creían que iba a suceder? Si durante los últimos ocho años este movimiento se dedicó a tachar de machista, sexista y racista a todo hombre, y que no bajaba de pendeja a cualquier mujer con una opinión contraria al feminismo. ¿Creerían que no iba a haber una reacción? ¿Creerían que este sector tan grande de la población iba a aguantar el abuso? ¿Es ahora injusto que este grupo se defienda?

La izquierda progresista disfruto de lo lindo al abusar de su oposición durante el mandato de Obama, ellos crearon a Donald Trump, y ahora tendrán que vivir con él. Con suerte, esto servirá de advertencia para las personas que están intentando introducir este tipo de política en México.

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